MUELLE Invadido el corazón de la noche, soy Uno con las barcas. Canto por las sacrificadas del eclipse. El faro del mundo, en la bruma, desvanece su sentido.
málevich
A veces la luna maravilla este paisaje. Ha malherido la sombra del viajero. Estoy parado en la rompiente. Aquí alumbran y relumbran tempestades. Asolan la luz de los barcos en silencio. NÉCTAR En los viñedos solos, bajo la luna de los magos, aprendimos el silencio. Como néctar tu boca, devastó la soledad de mis comarcas. A la tierra las heladas, el invierno inhóspito, hibernar donde los milagros llegan tarde. Sombra de lo no acontecido. Caminos de posadas, sin señales de retorno
A la verdad, de existir tal cosa, se llega por un trabajo de creación, de producción de sentido. No existe algo tal como la realidad. No hay una verdad previa. Allí donde nos interrogamos, creamos la respuesta. Leo: el sueño es un trabajo. El síntoma es un trabajo. Sueño y síntoma como poéticas a interpretar. Seamos realistas decimos, dispuestos a la renuncia. Pero la piel no nos deja huir.
te convoco con palabras de mago. hasta romper mi boca contra el silencio del alba. para amar tu disolución en la sombra, la llovizna de tus dichos, tu militancia en lo prohibido,
voy a quererte como pueda, a decirte donde alcance.
voy a amar las celosías del invierno, todo lo que humedezca los dibujos con tu forma,
para que no se borre tu nombre en la ventana, tu caligrafía de vacilaciones,
las pintadas rebeldes de nuestra resistencia en la pared.
Señor, susurra la oración de los barrenderos. Por la lluvia, Nuestra Señora del Refugio. Gloria a la noche que posa sus labios sobre nuestro extravío. Piedad por el temblor de los cuerpos en otoño. Susurra palabras de ebriedad en nuestras cenas pobres. Allí, donde nada se obstina en perdurar. Y el mundo y todo bajo esta luna está solo. Y está bien.
Más allá del género en tanto función reguladora del sujeto,
nos permitimos este juego o efecto de discurso como restos de cartas o memorias.
O tan sólo naufragios, postales de la desposesión en medio de los nuevos
discursos que auguran el retorno del amor.
Dejar a una mujer
Dejar a una mujer es dejar los espacios donde se permitió
ser niña. Es apartar los labios de la dormida a revivir. Es destejer
los bor(dados) de sus fantasías. Es saberla perdida desde siempre. Apagar los ojos o la
mirada de quién la supo. Como quien la devuelve a su (en)sueño, a toda su nada
enamorada.. Es (re)crear el espacio de sus siestas hacia donde tal vez llueva.
Dejar a un hombre
Dejar a un hombre es retornarlo al territorio de su
infancia. Es hacer sitio al (des)cobijo de un no lugar. (Des)dibujar los contornos de su nada. Es
retornarlo a las lecturas de las cartas que justifican un ayer. (Re)conducir el
lugar de sus silencios. Devolverlo a la épica vacua del encuentro con los
amigos. Apagar los ojos o la mirada de quién lo supo. Apartar una mujer como marca de su excepción.
Marina Tsvetáieva A Cartago llegué entonces/ Ardiendo ardiendo ardiendo ardiendo/ Oh Señor Tú me arrancas/ Oh Señor Tú me arrancas/ ardiendo T.S. Eliot.
¿Por qué lo que es viable es un Bien? ¿Por qué durar
es mejor que arder?
Roland Barthes
Cómo se mide la
intensidad… ¿contando desde una fecha a otra en un almanaque?. Un desencuentro
logrado, eso: es mejor arder, arder cada día, mejor que el almanaque, aprender
a perderse luego de cada encuentro, de cada des.
Tener desencuentros logrados. ¿Para qué más? Arder, estar en llamas, en todos
los cuerpos, como la mística que desea ser convertida toda en lenguas para alabar al
Señor. Arder. No anclar, no permanecer en ningún lado. Lo bello, lo bueno, lo
intenso, no dura, por qué tendría que durar. Mejor, en llamas. Arder, mejor.
donde romperme
donde decir no
no era esto
lo que buscaba
ando pasado
enchufado
a 220 volts
trato de bajar
con pastillas
pero sigo
ardiendo
no sé
si me
curaste
cuando
estuve
roto
no
no me
curaste
refracción por silvia camerotto
Una persona es todas las construcciones de
sí. Es todas las destrucciones de sí. Una persona es la ropa que elige cada
día, el perfume que usa, la piel que estando sana se enferma, los discos, las
letras de las canciones que tararea, las biromes y los marcadores en el piso,
los papeles, sus libros. Una persona es, ante todo, un cuerpo que dice y lo que
ese cuerpo tiene para decir.
Leí
Refracción cuando todavía era un
borrador, en un cuarto que ahora es otro,
grande y luminoso, con el cuadro de una nena fatuamente desnuda y una mesa. Un cuarto donde los
objetos se multiplicaron, los libros se multiplicaron, las historias se
multiplicaron.
Eso es Refracción:
una poética múltiple que incendia una casa, asume sin resguardo, se desprende
para vivir la incertidumbre del mundo, encarando una dialéctica cuyo esqueleto
son todas las mujeres en su vida y una, la que surge del rompimiento, la que
sostiene el hilo. El asma y sus excoriaciones. El desbaste.
Refracción se construye por
invocación e insistencia y nos invita a recorrer los ejes más profundos de la
vida de un hombre, de éste o de cualquier otro.
Silvia Camerotto, Buenos Aires, julio de 2012
todo se apaga según medida*
el principio rector
colapsa
en los labios
de tu adiós
vectores
sin medida
de tu marcha
partís
te vas
nunca
dos
veces
igual
*heráclito
refracción por natalia litvinova
Si los poemas de su libro anterior,
El silencio continente, publicado
en 2008, retratan cuerpos estremecidos por el amor y contenidos por el
silencio, en Refracción los poemas se manifiestan como un
rechazo de la separación entre la vida y el lenguaje. Porque se trata de saber qué puede un cuerpo en el
lenguaje, indica el poeta y lingüista Henri Meschonnic,citaque Javier Galarza eligió para abrir su libro. La elección de este epígrafe
no es un simple detalle sino una pista, un signo que acampanará al lector en la
recepción de cada poema.
El discurso
que nos propone el autor está despojado de comas, de puntos, de mayúsculas. Es
directo y salvaje: lenguaje que alejándose de lo recargado, se nos acerca
ardiendo y nos arroja versos de carácter rebelde, breves, inteligentes,
rítmicos y veloces como el silbido de un látigo. Para construir estos poemas el
autor realizó una operación compleja que a nosotros se nos revela como
sencilla: tomó prestados refranes populares, versos celebres, pasajes de la
biblia, y los quebró, los refractó
modificando así su primer sentido: cómo
se parte/ si lo que dejamos/ no nos abandona/ a su vez // no le pidas al olmo/
lo que el peral/ tampoco tiene/ para dar.
Si se trata de
averiguar qué puede un cuerpo en el lenguaje, tengo la sensación de que el mío.
después de la lectura de este poemario, retorna contagiado de un peligro vital
y necesario, con la lengua partida como cualquier objeto después del efecto de
la refracción.
Natalia
Litvinova,
Buenos Aires, julio de 2012
pasión
cuerpos
en reversa
contra
el espejo
la calle
tiembla
la
eternidad
dura
hasta
que me
pongo
el saco
refracción por marisa negri
Hay en Refracción un
uso deliberado de la violencia. Llevar al lenguaje hasta sus extremos, a los
contrasentidos que encierran las partes del todo.Sin resguardo, ni
siquiera el de llegar a fin de página porque es irremediable lo que cae y se
quiebra, lo que maldice y conjura. Y todo pasa veloz ardiendo sin
construirse. Plegaria de quien se
duele del mundo y se inmola en la pira del sacrificio: ley de toda/ luz/ principio/ de/ prodigio /también /en /la /sombra. La luz
oblicua deja ahora el papel y alumbra al que escribe en la tormenta.
Javier Galarza pertenece
al linaje de los que quieren cambiarlo todo. Lo he visto dialogar con chicos de
Villa Celina sobre un tal Rilke, traer de largo viaje la voz de Paul Celan en
su celular, sacudir la modorra matutina del Normal 6 con la locura de Artaud. Lo
he visto encender el fuego de Nerval en la noche más oscura, seguir los pasos
de Maldoror, dialogar con Huidobro de pie frente al mar.
Porlo que vimosdice su dedicatoria en mi ejemplar de Refracción. Y yo, testigo de esta luz,
agrego: Por lo que no vemos en esta tormenta en la que estamos perdidos. No,
no los estamos si hay Otro que refracta nuestra luz.
Marisa Negri, Buenos Aires, julio de 2012
ciclo
el cielo
de tu
ciclo
contenía
la leyenda:
golpe de azar
de la vida
Algo falló a la salida de Cafarnáum. Preguntaste
si aún llevaba los dones conmigo. «No
lo sé. Tengo los odres, el barro y las tinajas».
Dijiste que sólo el vacío de los cuencos era real. Me pediste un abrazo. No
porque todo se desmoronara. Sino a pesar de eso.
No sé si fue una decisión. Las hermanas
hablaban no de la paz sinode la espada del mundo. Y los círculos que los amigos dibujaban en
la tierra perdían los caminos a casa. Me incorporé y te supe a salvo. Estabas
tan linda que hasta los pájaros se avergonzaron. Quise lavar tus pies pero no hubo tiempo. Comprendí que a mí me tocaba caminar del lado peligroso de la vida.
Escritura poética como creación de un nuevo cuerpo, un nuevo
emplazamiento, un lugar otro desde donde pensar/se que— como el contacto entre
las pieles— requiere urgencia pero también algo de vértigo y pudor. Piedad por
el secreto y respeto ante el misterio de lo que calla y nos dice. Duerme su
tarde invernal y a cada momento puede resurgir.
*
¿Respondo una pregunta que no ha sido formulada y con la
respuesta creo la pregunta misma?
¿Como si nombrar fuera perder? ¿ Hallar? ¿Buscar el sentido originario y mágico
de las palabras?
*
Los espacios en blanco del poema como evocación de una nada
o una muerte. La aproximación hacia lo que no podrá decirse sucede a través de
los márgenes y los recuadros.
Entrar lateralmente a un no lugar para crearlo.
*
Luces que nos conmueven de estrellas muertas muy lejos. Entre estas paradojas nos movemos.
Cansado, subió los peldaños hasta su habitación. Halló
su cuerpo mientras se contemplába en el espejo del baño. Se halló. Pudo habitarse.
A lo lejos un tren y una canción de amor. Nada
especial. Apenas un momento. Comenzó a llorar. Supo llorar mucho desde el lugar
de su incerteza.
Pudo habitar su dolor. Pudo habitarse.
Descubrió la música de su silencio. El sutil contorno
de sus miedos. El color secreto del amor que lo esperaba. Se permitió — por
esta vez— descansar en la promesa de los días por venir. (Lo enterneció el ayer
a la sombra del eco del futuro).
Tocó ese punto — ese preciso punto— donde le dolieron
las miradas ¡Que el mundo lo aguardara tanto! Los silencios que las voces
incubaban, los reflejos,
ese dolor que lo delataba vivo, el vértigo de todos
los mañanas.
La caída de las palabras. La ajenidad del mundo y su
identificación con él.
Las distancias. ¡Que el mundo lo esperara tanto! Descubrió
la forma de su miedo. Los vocablos de su ensoñación.
Como si hubiera entendido que el Todo le hablaría en
el silencio o que el camino era ese destino que tanto había buscado.
«Estoy aquí»—pensó—«Llegué como pude. Pero llegué».
La versión clásica: fascinado
por su propia imagen reflejada en una fuente, Narciso se arroja a las aguas y
se ahoga. La flor que lleva su mismo nombre crece allí, donde cayó su cuerpo,
enamorado de sí.
2.
Narciso no se reconoce en su
propia imagen. Por lo tanto no es él mismo quien lo fascina, sino su
desconocimiento. Ese otro que no existe ni más ni menos que esa imagen en el
agua. Va hacia ese otro que tampoco es él.
3.
Escribe Gerard Pommier sobre
la regresión tópica al espejo: Mientras que el neurótico celebra encontrase en
su imagen, verse tal como se olvida a cada instante, el psicótico se espanta de
percibirse tal como no consigue olvidarse, tal como aprehende siempre ser
apresado, ahogado en la omnipresencia de una mirada en la que su cuerpo corre
peligro de zozobrar.
Como usuarios del lenguaje, no podemos evitar ser parte de una trama simbólica que nos trasciende, en la que somos hablados.
Valga como ejemplo este diálogo imaginario entre pensadores, psicoanalistas, filósofos, músicos y poetas:
«El lenguaje es la casa del ser» (Martin Heidegger)«El inconsciente está estructurado como un lenguaje» (Jacques Lacan)«No bien comprendemos que hemos perdido todo comienza la poesía» (John Cage) «La poesía es la intemperie sin fin» (Juan L Ortiz)«Solo nos resguarda nuestra desprotección» (Rainer Maria Rilke)«Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen yo hablo» (Alejandra Pizarnik)
¿El lenguaje es morada del ser (Heidegger) donde el inconsciente se despliega y manifiesta a través de la trama simbólica (Lacan), la poesía resguarda ser y lenguaje (Heidegger), dialoga entre sí (Frost, Holderlin, Celan), el ser se evidencia en la intemperie, la tormenta, el riesgo (Rilke, Juanele, John Cage, Pizarnik)?
Dos griegos están conversando: Sócrates acaso y Parménides. Conviene que no sepamos nunca sus nombres; la historia, así será más misteriosa y más tranquila. El tema del diálogo es abstracto. Aluden a veces a mitos de los que ambos descreen. Las razones que alegan pueden abundar en falacias y no dan con un fin. No polemizan y no quieren persuadir ni ser persuadidos, no piensan en ganar o en perder, Están de acuerdo en una sola cosa: saben que la discusión es el no imposible camino para llegar a una verdad. Libres del mito y de la metáfora, piensan o tratan de pensar. No sabremos nunca sus nombres. Esta conversación de dos desconocidos en un lugar de Grecia es el hecho capital de la Historia. Han olvidado la plegaria y la magia.
Hegel y esa noche que vemos cuando miramos a un hombre a los ojos.
Novalis y la gran noche romántica: Pero me vuelvo hacia el valle, a la sacra, indecible, misteriosa noche.
San Juan de la Cruz y la noche mística de la ascensión del alma: oh noche que guiaste, noche amable más que el alborada, oh noche que juntaste amada con amado, amada en el amado transformada.
La noche de García Lorca donde la luna, luna, vela al niño gitano el aire la vela vela, el aire la está velando.
La noche del galés Dylan Thomas que escribe a su padre moribundo No entres dócil en esa buena noche , Enfurece ante la agonía de la luz.
La noche sagrada de Holderlin donde los poetas son como los sagrados sacerdotes del dios del vino que peregrinan de una tierra a otra en la noche sagrada,
A las puertas de Jerusalén / se levantó un sol negro de Mandelstam hacia Celan vía Nerval.
Hablar de Cura como Restitución de las cadenas asociativas.
Cuando en el mundono interpretadode la infancia (Rilke), las palabras tomaban significados atroces, la narración de algún cuento infantil, producía un sentido en el mundo.
Proustianapresencia de la madre hilvanando pequeñas historias cuando la noche
y el insomnio tocaban el miedo en su estado abstracto.
Los restantes / faltantes de la trama simbólica piden estas notas, estos nuevos emplazamientos.
Deja que te suceda la belleza y el espanto, escribió Rilke enEl libro de horas.Desde pequeño experimenté dos sentimientos contradictorios: el éxtasis y el horror ante la vida, dice Baudelaire en sus diarios.
La vida es para mí una estación, pronto partiré, a qué lugar, no pienso decirlo. Esta frase de Marina Tsvetáieva está en consonancia con la elegía que escribió ante la muerte de Rilke:no hay vida ni muerte, es lo tercero. Ese verso abre otro lugar y acaba con las oposiciones para instaurar un espacio diferente.
No hay sitio puro – según el verso de Char.
¿Celebrar la singularidad del cuerpo en su época, siguiendo a Mandelstam? ¿Obturar el miedo o integrarlo? ¿Será ese el lugar a pensar, la conciliación de los contrarios que – al tocar los dos extremos de un circulo – generan otra cosa? ¿Se cancelan los opuestos en la totalidad de la contemplación?
Yo habito un dolor, escribe René Char. Qué hacer coneste cuerpo mío que me ha sido dado, se pregunta Mandelstam en un verso.
No hay sitio puro,concluye el citado poema de Char. Porque el permanecer está en ninguna parte, leemos en las elegías de Duino.
La Nostalgia es no tener patria en el tiempo, siguiendo uno de los textos tempranos de Rilke. ¿Morar en el lenguaje?¿El cuerpo como algo dado? ¿Como una construcción a habitar?
¿Qué es un lugar? ¿Qué significa habitar? ¿Qué poseer un cuerpo? ¿Qué la intemperie misma? ¿Es posible estar guarecido?