8.6.10

tu gramática


Anduve leyendo las reglas de tu gramática. Pero cada rastro del sujeto a seguir era un resto posible de Dios.

El sujeto tácito. Creo que se trataba de eso.
No andar situándose en lo perdido con insistencia militante.

Francamente, no te leo. No puedo estar en tus zapatos.

Mi enfermera sonrió enigmática:
— ¡Qué gracioso! ¡Justo vos! ¿Les dijiste qué alguna vez creíste en la escritura? ¿Viste que linda es la calma posterior al pánico?—Preguntó.

Preguntabas cómo se recuperan los gestos del amor.
Mímica de danzarines, atrayéndose y repeliéndose en la pantomima.

Girar e invertir los signos hasta el desconocimiento.

Eso. Girar. Invertir los signos. Hasta que la letra de los mandatos y poderes se borre como los nombres de los enamorados en una ventana empañada.

Mi nanny estuvo adorable. — Respirá — me dijo— Acá, afuera del agua. Es fácil. Todo el mundo respira «afuera».

Nada dolería nunca en este enunciado. No. Nada dolería nunca.

Mirá, cuando llueve, a vos, te fundan las cortinas del cuarto agitadas por el viento.

Todos nos rompemos. — Dijo mi Nurse¿Vos querías hacer con los restos, con las huellas, con los rastros? ¡Ahí está! ¡Los restos, las huellas, y los rastros te hicieron a vos!

Cuestiones de gramática:

Por ejemplo si decimos: yo sé que tu corazón estaba muy solo ante los poderes del mundo…

¿Qué función cumplen el yo o el en la oración?.
¿Cuál es el sujeto del enunciado?
Y sobre todo ¿Qué puede tu corazón contra los poderes del mundo?


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1 comentario:

Caín dijo...

"No he aprendido a sufrir, toda severidad es inhumana"
Juan Carlos Mestre

Luz de un quinquet
9 pintas, 29 latidos, Gillespie,
madrugada, ganas de hablar.
La generación del 77 íbamos a cambiar el mundo en el fututo
pero los electrodomésticos siguen funcionando en el 2007,
como siempre…
Me pregunto:
Por qué un intermitente puede llevarme a la lágrima, de vasta emoción, por qué siento que me responde, cuando se ilumina su automática luz naranja, y que no estoy solo, que somos dos, objetos comunicándose, que la máquina pretende mi atención, sabiendo antes de que se ilumine sin embargo apenas un segundo antes que así será…
No lo entiendo:
Por qué ladra el borracho a los coches que pasan a su lado.
Es de noche.
Hace frío.
Mientras, la gente ahí afuera insiste, empujando sus pesadas rocas, hacia la pirámide.
En las paredes de mi casa se pudre la luz de ayer por la mañana.
Y yo sigo de pie junto a la ventana, sin tomar ninguna decisión.
Podría quedarme a vivir dentro de esta canción.
A night in Tunisia.
Pienso que:
La oportunidad debe ir acompañada de destreza…
Todos los muebles de casa me observan con rostro de preocupación.
No quiero pensar,
para no atraer su atención, con el ruido de mi cabeza.
Un automóvil ha atropellado al borracho, se apagó el ruido y la furia.
Está muerto, pero no siento lástima.
Tampoco sé qué significa eso realmente, si es salvaje, inhumano o inmoral,
pero es cierto.
Y mientras, la gente ahí afuera no deja de insistir, empujando sus rocas.
Me pregunto:
Debe haber algún motivo por el que todo haya adquirido esta forma,
esta forma de costumbre, en que amanece como una herida sin importancia.
Ya no recuerdo qué clase de paciencia me trajo a este lugar...